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TRABAJO y EMBARAZO

La mayoría de las mujeres que trabajan fuera su casa pueden seguir haciéndolo durante el embarazo, siempre que su ocupación permita observas ciertas limitaciones, no implique grandes esfuerzos ni riesgos de contacto con sustancias tóxicas.

Fundamentalmente, la gestante debe evitar que sus actividades diarias lleguen a agotarla, ya que diversos estudios han comprobado que el exceso de trabajo puede ser motivo de un parto prematuro o de que el niño nazca con un peso inferior al que debería tener. Por eso, debe valorarse en cada caso el tipo de trabajo que se realiza, las horas de dedicación que exige y su distribución a lo largo de la jornada. Esta valoración debe hacerse teniendo en cuenta no sólo la ocupación laboral, sino contemplando también las tareas domésticas que realice en casa.

Durante los primeros meses de embarazo puede mantenerse prácticamente cualquier tipo de ocupación laboral que no implique esfuerzos físicos, siempre que la gestante no presente algún trastorno que requiera reposo.

Tan sólo deben evitarse las ocupaciones en las que haya un contacto habitual con productos tóxicos que pudieran afectar al feto, como el benzol utilizado en la fabricación de pinturas, el arsénico empleado en la fabricación de colorantes, el plomo que puede estar presente en determinadas imprentas y fábricas de pinturas, o el mercurio que se utiliza en la fabricación de aparatos científicos o espejos. Si la gestante trabaja en alguna industria en que se usen este tipo de productos y ocupa un puesto de trabajo peligroso, es preciso que solicite un cambio de sección o, si ello no es posible, que deje de trabajar temporalmente.

Además, es conveniente que la mujer no trabaje en lugares mal ventilados, especialmente si se permite fumar y el ambiente está cargado de humo.

A medida que se desarrolla el embarazo, pueden resultar cada vez más pesados los trabajos que requieren estar muchas horas de pie, como puede ser el caso de las camareras, dependientas o peluqueras. En estos casos es recomendable adoptar alguna medida para reducir el esfuerzo, especialmente durante el último trimestre, como repartir la jornada laboral o cambiar de puesto de trabajo.

La legislación laboral de la mayoría de países concede a la gestante unas semanas de descanso, que pueden repartirse entre antes y después del parto. Muchas mujeres toleran bien el trabajo sin agotarse ni sufrir trastornos justo hasta antes del parto. Sin embargo, es conveniente que la gestante deje de trabajar unas semanas antes si nota que se cansa mucho o sufre trastornos, como hinchazón de piernas o dolores de espalda.

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