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EL MILAGRO DE LA VIDA Fase de expulsión Una vez completada la dilatación, la mujer se traslada a la sala de partos. Ahora comienza el período capital de todo el proceso: el feto descenderá a lo largo de la pelvis, atravesando el recién formado canal del parto, hasta alcanzar el exterior y convertirse en un bebé. Para facilitar la labor de la comadrona y el tocólogo, la partuitaria suele tenderse en una camilla ginecológica especial que la obligará a apoyar las piernas en unos soportes, de forma que, sin esfuerzo, queden flexionadas sobre el abdomen. Si se ha decidido aplicar algún procedimiento anestésico, el especialista ya preparado. La intensidad de las contracciones uterinas aumenta y también su frecuencia: ya duran de 45 a 60 segundos y se presentan casa dos o tres minutos. La duración total del período de expulsión es variable, pero puede oscilar 6ª y 90 minutos en las primerizas y entre 40 y 60 en las multíparas; a veces se alarga más. Los pujos Cuando el feto comienza su descenso definitivo por el canal del parto, comprime las estructuras contenidas en la pelvis y ello desencadena unos reflejos muy especiales los "pujos". Se trata de una sensación muy particular que se presenta cuando las contracciones alcanzan una determinada intensidad: una especie de urgencia irrepetible por presionar, para que el niño atraviese el canal del parto, y que es difícil de reprimir, como lo es en un estornudo. Cuando la parturienta nota ese impulso, contrae con fuerza los músculos
abdominales y se cierran sus vías respiratorias: toda la presión
va hacia abajo. Este es otro momento en que resulta conveniente recordar
lo aprendido en el curso de educación maternal: para mejorar la
eficacia de los pujos y facilitar la expulsión del niño,
la parturienta debe respirar profundamente y levantar la cabeza, concentrándose
sobre todo en empujar cuando la comadrona o el médico lo indiquen.
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