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DIABETES EN EL EMBARAZO


Si no se lleva un control adecuado, ésta enfermedad suele empeorar durante la gestación y se convierte en una de las alteraciones maternas que más pueden perjudicar el desarrollo del feto. No debe resultar extraño, ya que en el embarazo se producen múltiples cambios en el metabolismo orgánico y esta enfermedad se caracteriza, precisamente, por una alteración metabólica, cuyo índice más notorio es un aumento de los niveles san~uíneos de glucosa.

Antiguamente, las mujeres afectadas raramente quedaban embarazadas. Y cuando así ocurría, se producían graves complicaciones que causaban la muerte al treinta por ciento de las mujeres y al sesenta por ciento de los fetos. En la actualida , mediante el control médico del embar zo y el debido control de la diabetes, esta fermedad no causa prácticamente nunca complicaciones mortales para la mujer y la mortalidad fetal se ha reducido al mínimo.

Por otra parte, en cerca del diez por ciento de los embarazos se presenta un tipo especial de la enfermedad, denominada diabetes gestacional, que se detecta o se manifiesta por primera vez durante el embarazo. Este tipo de diabetes se desarrolla especialmente durante el segundo o el tercer trimestre, siendo capaz de provocar alteraciones fetales y perinatales. Sin embargo, después del parto la mayor parte de las mujeres vuelven a un estado de absoluta normalidad metabólica, mientras que en otros casos se mantiene un estado intermedio y en una tercera parte se desarrolla la enfermedad tras un período de diez años.

En los embarazos de mujeres diabéticas existe un mayor peligro de que se presenten diversas complicaciones, como aborto espontáneo, toxemia gravídica, infecciones urinarias o hidramnios. El desarrollo del feto también puede verse afectado, y es especialmente común que el recién nacido presente unas dimensiones y un peso mayores de lo habitual, sobrepasando generalmente los cuatro kilogramos; tanto es así, que simplemente con saber que un bebé ha pesado al nacer más de cuatro kilogramos y medio, puede suponerse que su madre es diabética. Además, el tamaño excesivo del niño hace que se incrementen las posibles dificultades del parto.

Para evitar o tratar a tiempo las alteraciones que puede causar la diabetes en la madre y el niño, las gestantes diabéticas deben someterse a un control algo más estricto. En algunos casos puede ser conveniente que la mujer ingrese en un centro sanitario durante unos días para efectuar controles frecuentes de los niveles de glucemia, ajustar con precisión la dieta más adecuada y, si es preciso, las dosis de insulina que deban administrarse. También puede ser necesario adelantar el parto, para evitar que el feto sufra las consecuencias de la enfermedad materna o bien que alcance un tamaño exagerado.


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