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Cuando se espera un hijo, o cuando éste es aún muy pequeño, es imposible resistirse a la tentación de querer saber cómo será. ¿Se parecerá más a la madre o al padre? ¿Será rubio, moreno o pelirrojo, como el abuelo? ¿Tendrá los ojos oscuros o claros? ¿Será tranquilo o una verdadera veleta?... Hay un sin fín de preguntas a las que te gustaría tener una respuesta. El caso es que no se pueden dar recetas infalibles para adivinar el presente y el futuro del niño, pero sí hay una serie de explicaciones científicas que permiten deducir con bastante probabilidad algunos de los rasgos físicos, cualidades y defectos personales que heredará. Porque, desde el instante de la fecundación, todo está escrito en los genes. LAS CLAVES DE LA HERENCIA GENÉTICA El proceso de formación de un ser humano es muy largo y complejo. Tanto, que desde hace más de un siglo uno de los grandes retos de la genética (ciencia que estudia la transmisión de caracteres hereditarios) ha sido averiguar cómo influye la herencia en nuestras características físicas y hasta en nuestro carácter. Y, con el tiempo, los científicos han descubierto que toda la información genética, conocida como genoma humano, que permite transmitir los rasgos y caracteres de generación en generación, está contenida en pequeñas partículas llamadas cromosomas, que se encuentran en el núcleo de todas nuestras células. Ellos son el gran archivo que almacena toda la información genética. Los cromosomas, a su vez, están formados por un gran número de partículas con datos llamadas genes, que son los directos responsables de transmitir un carácter hereditario concreto, como el color de los ojos, el del cabello, la forma de la cara, las características específicas de la nariz, el ángulo del mentón o la posición de las cejas, por no hablar del color de la piel y el tipo de pelo. Imaginemos que el núcleo de la célula es una cajajoyero: los cromosomas serían los collares de perlas y los genes, cada. uña de las perlas que constituyen un collar. Pues bien, en cada "collar" del bebé se ensartarían "perlas" de la madre y del padre intercaladas. Entre todas las células de nuestro organismo, hay dos con una característica especial: son la mitad de una célula, porque contienen 23 cromosomas en lugar de los 46, organizados por pares. Se trata del óvulo, de la mujer, y del espermatozoide, del hombre,
las involucradas en la reproducción.
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