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Cuando la noche se llena de monstruos y brujas


Las pesadillas infantiles empiezan a ser bastante frecuentes a partir de esta edad. ¿Cuáles son sus causas más habituales? ¿Cómo debemos consolar a nuestro hijo cuando se despierta llorando?


Es normal que los niños tengan pesadillas, incluso siendo tan pequeños. Éstas pueden deberse a varios motivos: que el pequeño haya pasado por una experiencia difícil (un ingreso en el hospital, por ejemplo), que se sienta poco querido, que tenga Fiebre o que le atemorice separarse de su madre. En este último caso, los trastornos del sueño suelen coincidir con el inicio de la guardería, la contratación de una niñera o la llegada de un hermanito. Sin embargo, la causa más frecuente es, sin duda, la desmesurada fantasía del niño, que al quedarse a oscuras se duerme pensando que las sombras de la pared van a convertirse en monstruos. Es importante que averigüemos si lo asusta un perchero o un afiche, para quitarlo de su cuarto.


ESTÁ DESPIERTO 0 DORMIDO?


Hay dos tipos de malos sueños: las pesadillas y los terrores nocturnos (éstos son mucho menos frecuentes que las anteriores). Las pesadillas suelen producirse durante las dos primeras horas de sueño. El niño comienza a moverse, llora y se despierta de repente. Muestra miedo y es capaz de recordar el sueño perfectamente. Si tu hijo tiene una pesadilla y se despierta llorando, ve a su cuarto de inmediato, abrázalo y, mientras lo acaricias vuelves a arroparlo, explícale que no pasa nada, que sólo se trata de un mal sueño. Dale agua (beber tranquiliza) y quédate con él hasta que se relaje. No le cierres la puerta cuando te vayas y, si crees que lo hará estar más tranquilo, deja una lamparita encendida o enciende la luz del pasillo, para que vea algo de claridad.


Los terrores nocturnos, a diferencia de las pesadillas, se producen después de varias horas de sueño. El niño abre los ojos, se sienta en la cama con la mirada fija en un punto y al cabo de unos segundos rompe a llorar. Está desorientado y no tarda en dar evidentes signos de nerviosismo. En estos casos no conviene despertar al pequeño, pues aunque parece estar consciente, sigue soñando y podría levarse un susto tremendo si lo desconectamos bruscamente de su mal sueño. Hay que dejar que se despierte solo y, cuando lo haga, proceder igual que en el caso anterior.


CARIÑO Y COMPRENCION

Por lo general, los malos sueños son pasajeros y, salvo que persistan durante mucho tiempo o sean tan horribles que produzcan crisis nerviosas al niño, no es necesario recurrir a un psicólogo infantil para erradicarlos. El apoyo, el cariño, la seguridad y lo comprensión de todos los padres suelen ser suficientes para ayudar al pequeño a superar el conflicto que le impide dormir tranquilo.

RITUALES QUE FAVORECEN LOS BUENOS SUEÑOS
. Fijar un horario regular de sueño para todos los días.

. Bañarlo con agua caliente y darle la comida temprano. violentos al menos una hora antes de que se vaya a dormir.

. Facilitarle el momento de acostarse, acompañándolo a su cuarto y leyéndole un cuento antes de apagarle la luz. Conviene que el padre o la madre salgan del cuarto antes de que se duerma, para que el pequeño aprenda a dormirse solo y así, si se despierta a medianoche, no necesite verlos para volver a conciliar el sueño.

. Darle un beso de buenas noches; para que se duerma sintiéndose querido y protegido, pese a quedarse solo.


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