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Los zapatos del niño

El pie del niño suele ser ancho y corto, de forma cuadrangular. En el lactante carece de arco plantar, como resultado de un grueso cojín de grasa que puede persistir durante varios años.

Cuando el niño empieza a andar, separa las piernas para aumentar la base de apoyo y mantener el equilibrio. Puede apoyar toda la planta del pie, andar de puntillas o sobre los talones. A partir de los tres años de edad, la marcha y la base de apoyo suelen ser similares a las de los adultos.

La morfología de la región plantar evoluciona con la edad desde un patrón plano hasta el predominio del arco longitudinal, propio del pie adulto. Este desarrollo finaliza entre los seis y los ocho años y se realiza de forma natural, independientemente del calzado utilizado. Numerosos estudios en poblaciones indígenas que nunca han utilizado calzado han demostrado que el pie descalzo es más fuerte y sano. Sin calzado que lo oprima,
el pie se encuentra en óptimas condiciones para desarrollarse correctamente.

La principal función del calzado es proteger el pie de traumatismos e infecciones, pero si comprime en exceso puede provocar deformidades. Si el niño camina sobre superficies en las que no exista riesgo de infección, traumatismo o enfriamiento (arena, alfombras, moquetas, suelos de madera, etcétera), puede y debe ir descalzo. El primer zapato debe adquirirse cuando el niño empieza a mantenerse en posición erecta, lo cual suele suceder entre los siete y los diez meses.

El calzado ideal debe ser:
· Cuadrangular, que es la configuración , normal del pie del niño, dejando espacio suficiente para los dedos, que deben poder moverse libremente, pero bien ajustado al resto del pie.
· Flexible, para permitir la máxima libertad de movimientos.
· Plano, sin elevación de los talones.
· Poroso. La parte superior debe ser de cuero o de otro material que permita la transpiración para evitar maceraciones de la piel o infecciones producidas por hongos. · De adherencia moderada. La fricción de la suela debe ser equivalente a la del pie descalzo. Hay que evitar que resbale o que sea demasiado adherente.
· Ligero, para evitarle al niño esfuerzos innecesarios.
· Por encima del tobillo, pues favorece la sujeción.
· Bonito, ya que la estética es importante para el niño.

Hay que evitar los zapatos demasiado pequeños para el pie del niño, pues favorecen las deformidades de los dedos y las uñas encarnadas, que se clavan en los tejidos blandos de alrededor. Tampoco es recomendable que los niños usen zapatos "heredados", especialmente si son de piel, ya que cada persona moldea el zapato a la forma de su pie y existen amplias variaciones entre los niños, aunque sean de la misma edad.



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