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Por lo general son rechazados los más débiles físicamente, los más dependientes de sus padres, los inseguros. El rechazo suele ser temporal, pero causa problemas. Durante los primeros años los niños forjan su autoestima a través de la valoración y el afecto que les damos los padres. Aquí, la opinión de los otros niños no tiene importancia, pero esto cambia a medida que crecen. Quieren parecerse a sus amigos, vestirse como ellos y pasar gran parte del tiempo en su compañía. Es entonces cuando los niños empiezan a crear su propia imagen, e incluso su autoestima a través de la valoración de los demás. Se comparan y se valoran a sí mismos en relación a una serie de características cono la popularidad, el atractivo, la inteligencia, según lo indican los especialistas. Observando la importancia que tiene la actitud de los otros niños de su edad frente al desarrollo emocional de nuestro hijo (a), habrá que estar muy atentos a las relaciones que mantengan en esta etapa de su vida. Para poder darnos cuenta de lo que está sucediendo, debemos detectar ciertos síntomas, a pesar de que cada niño reacciona de diferente manera a este tipo de situaciones. Su actitud dependerá mucho de su carácter y de la relación que mantenga con sus padres aunque lo más común es que se encierre en sí mismo sin exteriorizar lo que siente o le está sucediendo. Si notamos que está más irritable, más triste, no habla del colegio, no hasta inventa enfermedades con tal de no tener que ir a clase, seguramente está sufriendo el rechazo de sus compañeros. ¿Qué hacer? No hay que precipitarse. Primero hay que averiguar
qué es lo pasa; es imprescindible que el niño reconozca
el problema. Si él no lo cuenta espontáneamente, hay que
contrarrestar con mucho afecto la caída de su autoestima, demostrarle
que en casa se le aprecia y valora, que lo que le sucede nos a pasado
a todos en alguna ocasión y que no tiene solución. No hay
que cometer el error de tratar de sustituir a los amigos. Los padres deben
escuchar más que hablar, sugerir en lugar de imponer y tratar de
buscar el origen del problema. Se puede visitar al maestro pues a veces
los chicos exageran y él podría tener una versión
más real. Si se tiene buena relación con los padres de los
otros niños, se debe hablar con ellos de forma objetiva. No siempre
tienen la culpa los demás de los problemas de nuestros hijos. Jamás
se debe intentar arreglar con los chicos pues eso avergonzaría
al niño.
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