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La disfemia o disfonía, conocida como tartamudez, es un trastorno frecuente que afecta a la fluidez del habla y se caracteriza por interrupciones en el ritmo y el tomo cuando se habla. Estas interrupciones pueden consistir en repeticiones (tartamudez clónica) o en bloques (tartamudez clónica) aunque a veces ambas aparecen de forma conjunta. Cuando esta enfermedad aparece en torno a los tres años, la tartamudez suele interpretarse como una señal de la organización del lenguaje que el niño está realizando en esa fase de su desarrollo. La dislalia consiste en una pronunciación defectuosa de las palabras por causas externas a los órganos del aparato fonador o por problemas auditivos. Este problema es debido a una imitación inadecuada del lenguaje de las personas que rodean al niño. Un niño que confunde la "r" con la "l" y pronuncia "álbor" por "árbol" sería un ejemplo de dislalia. La disartria es también un problema de pronunciación, pero originado en las dificultades del habla causadas por alguna disfunción en los músculos del aparato fonador. Un niño que pronuncia "pego" por "perro", pero que lo escribe de forma correcta, sería un ejemplo de disartria. La disglosia se detecta cuando el niño tiene dificultades en la
pronunciación oral y no puede articular un sonido determinado debido
a alteraciones en los órganos periféricos del habla. Las
causas pueden ser debidas a malformaciones congénitas en los labios,
las mandíbulas, la lengua, el paladas y las fosas nasales. Puede
ser necesaria una intervención quirúrgica y la ayuda de
un especialista en problemas del habla (logopeda).
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Peculiaridades
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